Domingo, Julio 15, 2018, 23:38

LA MURALLA DE FÖTHEN

DOS MESES ANTES DEL DESPERTAR DE BASTIAN

 

En Nordeth, más precisamente en las inmediaciones de la Muralla de Föthen, un grupo de Nurodethnios celebraban un ritual. La razón, era pedirle a Yhum, para que las raciones de la Nación de Nurodeth, en esa cosecha, sean abundantes y así sus familias, puedan enfrentar el duro invierno, que se aproximaba en aquella región. Amenazante y preocupante el Kaläv-hage, como lo llamaban en todo Nordeth, no vendría sólo este año. La muerte caminaría en Nordeth, pues Potos, llevará su fuego lejos de Arrem.

El tributo que ofrecían a los dioses, era un pequeño Malibä, criado en una de las granjas de los Rollir, una de las familias más pobres de la nación vecina de Norgodeth, incluso sólo poseían un Malibä más para pasar todo el invierno. La tradición de gran parte de Nordeth era ofrecer a los Dioses el alimento de las personas que más lo necesitaban, para así demostrarle, que realmente confiaban en que las deidades proveerían (en muchas oportunidades tardaban más de lo esperado y el hambre azotaba a las familias), luego eran recompensados con el doble de lo que le correspondía.

─ Yhum, Madre que todo lo vé en las alturas─ dijo Loren, una mujer llena de largas y tupidas trenzas. Llevaba la cara pintada con rayas blancas desde la frente hasta el mentón. Luego agregó mirando al cielo─. Recibe esta ofrenda en tus bondadosos brazos y bendícenos con una cosecha digna de este pesado invierno. Deja que alimentemos nuestros cuerpos con tu bondad y tu alimento.

El grupo se encontraba rodeando una enorme pagoda. Las espadas sonaban al golpear contra el peto de su armadura al ritmo de los tambores. Primero despacio, luego prosperó el chisqueo, y cuando Loren dejó de hablar, al unísono creció mezclándose con el “ru” que salía de sus bocas. En esos momentos y justo cuando levantó los brazos para clavar su cuchillo en el corazón del Malibä, una enorme lanza atravesó el pecho su pecho, lanzándola varios metros hacia atrás. El grupo inmediatamente tomó la guardia pero antes de crispar un músculo se vieron doblegados por cientos de Ilärs.

En sus caras se imprimió el espanto y la intriga se plantó en la escena. No podían creer lo que veían sus ojos. Comenzaron a retroceder con el fuego en sus espaldas, hasta que el calor los frenó. El coraje sujetó sus hachas con tanta bravura, que el miedo tuvo miedo.

─ Nos veremos en el Runedein─ le dijo Frer a sus amigos. Luego portando dos pequeñas hachas, se lanzó con un grito de furia contra los atacantes. Frer acabó con varios de los Ilär pero, luego de unos momentos una lanza atravesó su estómago. Eso no lo doblegó, con la rabia en sus ojos, siguió combatiendo, matando primero a quien lo había ensartado. Luego otra lanza traspasó una de sus costillas. El grito acompañó la sangre que salía a borbotones de su boca. Mordió la ira y luego maldijo al Ilär. Miró hacia el cielo y susurró.

─ Gran Lori elíjeme para el Runedein, déjame comer con mis amigos en tu mesa.

De repente una nueva lanza se clavó en el otro costado, y antes de que lo pudiera sentir otra más perforó su espalda. El honor explotó en su pecho aquel mensaje hacia Lori. Sabía en lo profundo que el Runedein esperaba.

La emboscada descolló con los Nurodethnios en el fuego. Algunos encontraron la muerte con la espada otros con la pagoda. Los Ilär eran temerarios, despreciables y perversos. Muchos hombres fueron lanzados al fuego aún con el clamor en las aberturas de sus bocas, otros tuvieron mejor suerte y pudieron limpiar su honor con una muerte valerosa blandiendo su hacha.

La muralla fue corrompida y sobrepasada por los Ilärs en lo que tarda en calentar el fuego. La boca del gran túnel que el clan cavó desbordaba de estas bestias. En poco tiempo Nurodeth fue sacudido por grandes grupos de sedientos guerreros desleales y perversos. La desolación de Nurodeth fue absoluta. Los ojos de los esclavos y las manos de las esclavas fueron los únicos testigos.

─ ¡Mátenlos a todos! ─dijo Göfnar un coloso Ilär, que empuñaba una gran espada rústica, con punta de pico.

─ ¡No! ─ exclamó una voz rocosa y áspera─. Déjenlos con vida y aprésenlos como hicieron con nosotros.

─ Amo, no sabíamos que iba a subir ─respondió otro Ilär. Göfnar, lo miró con bravura.

─ Yo no tengo que informar nada ─respondió el Sin Luz y luego miró a uno de sus secuaces. Era Füsthen, el Sumirio más fuerte, un Maleki desterrado, leal a las fuerzas oscuras de Amgjar. Este asintió y golpeó con su enorme pie en el pecho del desdichado, lanzándolo varios pasos hacia atrás. Los demás Ilärs, no escatimaron con el murmullo─ ¿Alguien tiene algún problema con ello?

Göfnar mordió su rabia, pero luego de un instante dijo:

─ No, señor ¿Cuáles son sus órdenes?

El Sin luz, se encontraba en un proceso de transformación. Para volver de su destierro, su alma debió ocupar el cuerpo de un Ilär, pues fueron ellos quienes lo trajeron de nuevo a la vida. Aun, su imagen era distinta a la de un celeste. Si bien nunca volvería a su forma física eterna, el Jalh de un celeste (unificación de la chispa de vida, el cuerpo físico y la energía universal) siempre buscará la apariencia real.

─ ¿Tu cómo te haces llamar? Le preguntó a un enorme Ilär que se encontraba a su izquierda.

─ ¡Rujo! ─exclamó a secas.

─ Lucha con Göfnar, y tú, y tú… ─Nombró entonces a los guerreros más feroces del clan─. Mátenlo.

Los Ilär, se sorprendieron pero no dudaron ante el pedido de su amo, atacaron a Göfnar con todo lo que tenían. El gigante Göfnar acabó con casi todos rápidamente. Se había formado una inmensa ronda. En el centro, el gran guerrero del clan se dispuso a rematar al último, pero cuando estaban luchando, el sin luz detuvo la batalla.

─ ¡Alto! ─ dijo levantando sus brazos, luego profirió mirando al otro soldado ─  Ya es suficiente, llévate a los esclavos, quítalos de mi vista─ El soldado asintió y junto a un grupo se dispuso a cumplir las órdenes del sin Luz─. Tú, Göfnar, ¡Eres el guerrero más fuerte de este clan! Quiero que llegues hasta Thundor y te hagas de las tierras─ dijo, luego levantó su pequeña naríz hacía el cielo y olfateó en el aire─.  ¡Humanos! Puedo oler su miedo a través de los campos ─ Göfnar irascible, lo miraba con sus ojos negros llenos de rabia─ ¡Hagamos una visita a los aldeanos de por aquí!

Nurodeth fue invadida por el clan, diezmada y torturada. La antigua nación que albergó la llegada de los Swonderlan, la nación que mantuvo la muralla de Föthen protegida durante cientos de años, se estaba volviendo cenizas.

El Rey Drö fue emboscado y murió por la espada de Göfnar, pero su hijo Casos, tuvo a los dioses de su lado y logró escapar al Bosque de los miserables con un pequeño ejército.

─ ¡Estas tierras ahora son de la oscuridad! ─dijo Afnunkar una vez sentado en el trono de Drö ─¡Füsthen encuéntralo a como dé lugar!


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