Jueves, Julio 26, 2018, 18:18

En los tiempos antiguos de Arrem, mucho antes de la llegada de los Malekis, desde las pléyades, cinco seres celestes descendieron. Estos mundos lejanos estaban ligados a Arrem por el gran Äganer Eioles.

 

Amenasturian fue la segunda celeste en descender a Arrem. Era un ser de luz extremadamente perfecto. Su cabello oscuro contrastaba a la perfección con los calmos ojos celestes de rio. Sus labios parecían senderos delineados sobre un rostro exquisitamente bello. Fue radiante, bella y naturalmente poderosa. Poseedora de un cuerpo esbelto y tallado por los dioses, su estatura real rondaba los dos metros cincuenta, pero variaba según su interés.

Habitó la zona del sureste de la Arrem, más allá de los cerros bajos y las montañas de Ertenon, a esa zona se la nombró Nidia o Niria. Vivió en seis dimensiones siendo Arrem la única material de todas. Su alma fue un alma sabia llamada Frid de más de diez mil vidas y millones de años recorridos.

 

El 50012 del calendario arremico fue el año en que los cinco hermanos llegaron al mundo. Allí comenzaron sus días en Arrem, transitando cada uno su última vida, antes de convertirse en polvo celestial.

 

Amenasturian, fue la creadora de la armadura de Frawën, mientras que Afnunkar y Rutfïs, construyeron la armadura de Sendâ. Mandarian y Ragangar, por su parte le dieron vida al mapa Crisquian. Luego los cuatro unidos llenaron de vacío cada resquicio de ellas.

Frawën fue creada para ser utilizada contra los modos en el año 50900, al igual que Senda, Pero no fue aquella vez la única en utilizarse. Bastian Andorian, comandó a los Eori-Kiza, portando la armadura, de Frawën hacia Nordhet, en el 426 d.h para combatir a Afnunkar. En su primer despertar. Senda por su parte fue utilizada por Fusthen el Sumirio.

 

Amenasturian, hablaba ciento treinta idiomas, entre ellos el Universal o Arremico ancestral, ya que, había logrado después de mucho tiempo, sincronizar con Frid, su alma. Era capaz de controlar cada uno de los elementos e inclusive convertirse en uno de ellos.

Fue la encargada de proteger el portal hacia su mundo, el cual se encontraba en Nidia, en las montañas de Ertenon de la baja Eorient.

 

 

 

Una Mañana de verano en el 190 d.h Amenasturian bajó de Ertenon para dirigirse al lago Goro. Solía caminar en las primeras mañanas del verano. La calidez del viento le hacía acordar a otros tiempos en Nidia, o Niria. Frid se lo pedía y como ya era de costumbre, se mezclaba entre el bosque. Esa mañana fue distinta, pues una niña llamada Dora la vió arrodillada sobre el suave césped, a orillas del lago. Amenasturian se había distraído con un ave que se encontraba mal herida. La niña humana se asustó y retrocedió unos pasos, pero Amenasturian con su voz mental le dijo tiernamente.

─ No temas Dora, no te haré daño.

La niña inmediatamente sintió en su corazón la paz que la celeste le transmitió. Nuevamente Amenasturian habló en su cabeza.

─ Ven acércate, ayúdame a curarla.

En esos momentos, Dora comenzó a caminar hacia donde se encontraba Amenasturian. Cuando llegó a su encuentro, la celeste, extendió su mano y le brindó una gran cantidad de energía celestial, lo que invadió de paz y seguridad.

Desde ese día, Dora y Amenasturian se hicieron amigas. La pequeña humana, cuando podía iba a visitarla, salvo durante el invierno que era abrumador y mortal en Gondrona. Cuando se encontraban pasaban el rato hablando de Nidia y sus aventuras en otras vidas, de sus hermanos y los años pasados de Arrem, antes de la llegada del humano. Amenasturian por su parte la escuchaba, la dejaba hablar, aunque ella sabía todo de Dora.


Los años pasaron y Dora envejeció. En el pueblo no le creían, decían que estaba loca. Durante muchos años decidió callarse. Hasta que un verano, era el 273 d.h, Dora llegó al lago Goro acompañada de un joven humano, llamado Rogor. Era su nieto. Amenasturian al ver que Dora estaba acompañada no apareció hasta el tercer llamado de la Anciana. Amenasturian pudo ver en los ojos de Rogor la misma ilusión y bondad que tenía Dora cuando era una tierna niña. Fue por esto que se descubrió.

 

─ Vieja amiga, veo que viniste acompañada─ dijo Amenasturian, luego de aparecer de la nada. Los ojos de Dora se llenaron de lágrimas, al ver que la Celeste le devolvía su cordura. Había llegado a creerles a los aldeanos. ─<<¿Y si en verdad nunca existió? >> pensaba.

Rogor estaba duro, no se movía. Sus ojos estaban separados de su rostro. El corazón latía incansablemente. Entre vergüenza, miedo y emoción respiraba rápido. En eso la voz de Amenasturian, resonó en la cúpula de su cabeza

-Hola Rogor, deja que tu mente se ponga en blanco y respira tranquilo- luego agregó con un apacible sonrisa- no queremos que te nos desmayes aquí.

 

Rogor sonrió y abrazó a su abuela. Estuvieron conversando por un largo tiempo. Hablaron de todos los años en que Dora y Amenasturian se encontraron. Hasta de la vez en que Amenasturian tuvo que desaparecer de inmediato por la llegada de unos hombres que terminaron convirtiéndose en piedras por quererse aprovechar de Dora al verla hermosa, joven y sola.

Al año siguiente. Dora volvió a ir con su nieto, pero también con su Hijo, pero Amenasturian nunca apareció. Dora se puso muy mal, le quedaba pocas horas o días de vida. Pero la voz de Amenasturian si resonó.

─ Vieja amiga, no temas estas últimas horas, pues no serán las últimas─ relató con su dulce y melancólica voz, luego agregó─. Nidia te espera. Cuando llegue la hora, solo sonríe, pues cuando esos bellos ojos que ahora ven, se apaguen, ascenderás a Nidia y vivirás las mismas vidas que yo y mirarás más mundos.

Dora comenzó a llorar, con una sonrisa en su rostro. Sonrisa que pocas veces su hijo Joda vio. En esos momentos, Joda creyó, y en el preciso instante en que su corazón se abrió, Amenasturian se mostró.

Nunca más Joda volvió a ver a Amenasturian, en cambio Rogor, si lo hacía cada verano. Siempre Escondido. Por vergüenza la observaba desde lejos. Amenasturian, por supuesto, siempre supo que era observada. Cuando Rogor llegó con su hija pequeña, Amenasturian volvió a hablarle, comenzando así una nueva Amistad.

Desde esos tiempos el pueblo de Gondrona, guiado en sus comienzos por Rogor, antepasado de Solder y Wolther, fueron los cuidadores del paso hacia la celeste. Únicamente a Dora se le permitió la entrada en Nidia, la única humana de Arrem en conocer ese antiguo linaje.

 


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